Derecho a elegir la muerte

Científico australiano Goodall recibió una inyección letal

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epa06722529 104-year-old Australian scientist David Goodall speaks during his press conference a day before his assisted suicide in Basel, Switzerland, 09 May 2018. The 104-year-old, Australia's oldest scientis, travelled to Switzerland where he has chosen to die by voluntary euthanasia on 10 May. EPA/GEORGIOS KEFALAS

El científico australiano David Goodall, de 104 años, decidió poner fin a su vida hoy a través del suicidio asistido en una clínica de Basilea, Suiza, mientras escuchaba a Ludwing van Beethoven, acompañado por sus nietos.
Goodall recibió la inyección letal en una vena por propia voluntad, mientras se encontraba con él Philip Nitschke, un médico de la organización sin fines de lucro Exit International, que practica el suicidio asistido, no punible en Suiza.
Acompañado también por sus nietos, el respetado botánico y ecologista murió a las 12.30 hora local escuchando la Novena Sinfonía de Beethoven, el himno europeo, considerado un canto a la libertad y compuesto por un genio que también contempló suicidarse.
El galardonado biólogo y científico ecologista tuvo durante sus 104 años tres esposas, cuatro hijos y 12 nietos. Según el propio Goodall no se esperaba nada más de su vida, excepto una vejez cada vez más debilitante y humillante. Y es por eso que decidió recurrir al suicidio asistido. “Mi vida la pasé en el campo”, es decir todos los días en el trabajo, “pero ahora no puedo hacerlo más”, le dijo el pasado miércoles a la cadena CNN en una última entrevista.
Goodall, que nació en Londres en 1914, en vísperas de la Primera Guerra Mundial, no tenía problemas de salud importantes.
Estaba un poco maltrecho debido a la venerable edad. Tenía problemas con la vista, lucía cada vez más débil, especialmente sus piernas, que lo obligaban a moverse con la ayuda de una silla de ruedas todo el tiempo.
“A mi edad, me levanto a la mañana, hago el desayuno y luego me siento a esperar el almuerzo. Y luego me vuelvo a sentar, y basta, qué sentido tiene?”, se había preguntado el pasado miércoles, cuando habló con los periodistas que se acercaron a la clínica en Suiza para entrevistarlo sobre su decisión.
Así los numerosos cronistas se sorprendieron, pese a que en los últimos años estuvo activamente en campaña a favor de la eutanasia, prohibida en su país, Australia, como en gran parte del mundo.
“Quisiera que otros países siguiera el ejemplo de Suiza y pusieran esas instalaciones a disposición de cada cliente que tenga los requisitos necesarios, que no solo sean la edad, sino también las capacidades mentales”, dijo, añadiendo que “la transición de la muerte puede ser bastante desagradable, pero no es necesario que lo sea y espero que no lo sea para mí”.
Mientras la mezcla letal hacía efecto, el profesor Goodall continuó respondiendo a “varias preguntas que se le hicieron para que supiera dónde se encontraba y qué estaba sucediendo”, dijo el doctor Philip Nitschke. “Respondió con gran claridad”, hasta que protestó, poco antes de perder el conocimiento, diciendo que “esta historia dura mucho tiempo”. Todo el procedimiento en realidad solo requirió unos minutos, precisó luego Exit International, agregando que “David no creía en la vida futura” y en sus últimas disposiciones pidió que su cuerpo sea donado a la medicina y también hizo saber que no deseaba tener un funeral, un memorial o ningún tipo de ceremonia.