El chileno Oscar Hahn leerá sus poemas en la Feria del Libro

LA OBRA DEL POETA –UNO DE LOS UNO DE LOS INVITADOS EXTRANJEROS AL XI FESTIVAL INTERNACIONAL DE POESÍA QUE SE REALIZARÁ EN LA FERIA DEL LIBRO DE BUENOS AIRES- SE CARACTERIZA POR UNA EXPRESIÓN CEÑIDA, UN LENGUAJE SUCINTO, CON FUERTE PRESENCIA DE LO ESPECTRAL DONDE LO COTIDIANO ES PERTURBADO POR EL TEMBLOR DE LO INQUIETANTE.

0
200

Visitante asiduo de Buenos Aires donde ha publicado ya los libros “Arte de morir” y “Mal de amor”, la obra de Hahn (Iquique, Chile, 1938) se integra con títulos como “Esta rosa negra”, “Imágenes nucleares”, “Tratado de sortilegios” y “En un abrir y cerrar de ojos”, entre muchos otros.
El poeta, que leerá sus poemas el viernes próximo de 20.30 a 22 en la Sala Victoria Ocampo del Pabellón Blanco, ha sido galardonado con el “Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda” (2011) y el “Premio Nacional de Literatura” (2012).

Sobre la singularidad de su obra que va del epigrama a la minificción, de lo fantástico al pasaje lírico, de la imagen visual a la reflexión, de lo fantástico al humor macabro, con el amor y la muerte entre sus núcleos principales en climas, Hahn mantuvo con Télam el siguiente diálogo.

-Un rasgo fuerte de tu poesía es lo fantástico, aquello que llega a habitar la realidad y un orden normal de manera inquietante.
-La narrativa fantástica ha sido muy importante en mi poesía. Lo fantástico empezó a entrar con fuerza en “Mal de amor”, donde el amante abandonado se transforma en fantasma y deambula en torno a la mujer como alma en pena. Después aparecieron personajes que yo llamo “prefantasmas”; vienen de esa zona nebulosa que es la vida anterior a la vida, a “la primera oscuridad”. Los prefantasmas penan en nuestra existencia diaria, pero la gente cree que son los fantasmas tradicionales.

-Se cruzan en tu poesía la imagen fulgurante, el pasaje narrativo y la instancia lírica, con textos que pueden leerse como microficciones.
-Así es. Siempre hubo elementos narrativos en mi poesía, que se fueron acentuando con el tiempo. Dicen que mis poemas de los últimos años parecen cuentos en verso. En algún punto el cuento fantástico, que además he enseñado en mis clases y he estudiado como crítico, empezó a tener un rol protagónico en mis poemas.

-¿Cómo funciona dentro de tus obsesiones el núcleo de una muerte siempre al acecho, trabajadora insaciable?
-Eso mismo me han venido preguntando desde que leí mis primeros poemas en público a los 18 años. Les parecía raro que un chico joven escribiera sobre la muerte. En algún momento lo atribuí al hecho de que mi padre hubiera fallecido cuando yo tenía 4 años, pero puede ser una simplificación. Como sea, el tema de la muerte no me ha abandonado, aunque noto un cambio; al principio tomaba una perspectiva más distante, como algo que sólo les ocurre a los demás. Pero desde que cumplí 70 años se ha vuelto más personal, como si fuera una inminencia.

-Tu poesía de tono amoroso, lejos del el desborde pasional, se caracteriza por su parquedad, la ironía y el escepticismo…
-Me parece muy apropiada esa caracterización. Si se comparan los poemas de “Mal de amor” con los de Neruda, se verá que aunque en ambos hay erotismo, son diferentes. En Neruda hay pasión, en el sentido de amante apasionado o vehemente. En “Mal de amor”, en cambio, hay pasión en el sentido de padecimiento. El amor es un mal que hace sufrir al que lo padece. Y desde luego no hay nada de exuberante en el lenguaje que uso. A lo mejor la parquedad es el correlato de mi escepticismo.

-¿Habría en tu poesía trazos del grotesco, el humor macabro?
-Yo creo que sí, hay bastante de eso. Mi humor ha sido asociado a veces con el de Nicanor Parra. El problema es que ninguno de los críticos ha examinado en qué se diferencian el humor de Parra y el mío. Hace falta un estudio sólido sobre los distintos tipos de humor que hay en la cultura actual. Los cómicos de la televisión también utilizan el humor y no por eso son discípulos míos o de Parra.

– Por cierto que esta no es tu primera visita a Buenos Aires.
– A mí me agrada mucho Buenos Aires. Me siento muy cómodo y a gusto. A pesar de todos los problemas que han tenido, la gente me parece bastante relajada. Además es una ciudad no sólo llena de tradiciones bonaerenses muy atractivas, sino además con una vida cultural intensa y variada. Acaba de reeditarse en Chile mi primer libro “Arte de Morir”; la primera edición apareció en Buenos Aires, hace cuarenta años, mientras me encontraba en el exilio en Estados Unidos. Otra razón para estar este año a Buenos Aires.

– ¿Considerás que hay escritores argentinos en tu formación, entre tus lecturas, tus vecindades, tus influencias?
– Mucho más que la poesía de cualquier país, lo que ha sido fundamental en mi evolución como poeta es la narrativa fantástica argentina: Lugones, Borges, Cortázar, Bioy Casares, Silvina Ocampo. Repito: la narrativa. Sé que parece raro, pero es así. No es que me propusiera hacerlo. Este fenómeno se produjo cuando empecé a enseñar un curso de Literatura Fantástica en la Universidad de Iowa y mi poesía fue siendo contaminada poco a poco por los autores que acabo de mencionar.

– ¿Cómo sentís tu vida ahora en Chile, después de haber vivido más de tres décadas en el exterior?
– Ha sido muy difícil mi regreso a Chile. Me siento como pollo en corral ajeno. Después de todo, vivir 35 años en Estados Unidos es mucho tiempo y te afecta radicalmente. Además, antes de irme al exilio residí muy pocos años en Santiago. Yo viví en ciudades de provincia, como Iquique, Valdivia, Rancagua y Arica, y es muy complicado estar ahora en Santiago.

– ¿Publicaste otro título?, ¿estás en algún nuevo proyecto?
-En 2015 apareció mi último libro, “Los espejos comunicantes”, y me encuentro como en estado de post-parto. Pero acabo de terminar una larguísima entrevista sobre mi vida y mi obra, que me hizo el poeta Mario Meléndez.