El reclamo del Tíbet resonó en Argentina

Visita a Argentina de Thubten Wangchen, emisario del Dalai Lama

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“China no es una democracia y no respeta los derechos humanos”, afirmó el monje budista Thubten Wangchen, emisario del Dalai Lama, que llegó a Argentina para reivindicar los derechos de Tíbet y denunciar los “abusos” de Pekín.
Wangchen insistió con los reclamos de los tibetanos pero “siempre por la vía pacífica, sin violencia ni armas”, apuntó.
Es su tercer viaje a Argentina, el monje esta vez estuvo acompañado por la directora general del Estudio de Abogacía Védica por la Paz, Nancy Gallo, y miembros de la Casa de la Amistad Argentina-India.
“Todos los humanos tienen derecho a vivir mejor y China no es un ejemplo de esa búsqueda”, enfatizó Wangchen, quien es diputado por Europa del Parlamento Tibetano en el Exilio, con sede en Dharamsala, India, desde marzo de 2011.
Acotó que “miles de productos chinos invaden el mundo” y que eso ocurre a costa de “millones de trabajadores que no tienen descanso, que trabajan incluso los domingos, pero el dinero que generan con su producción no es para ellos, se los queda el Gobierno chino”. “China es poderosa pero allí no se respetan los derechos humanos. El mundo lo ve como un país potente, en crecimiento fuerte, pero no hay libertad, se avasallan los derechos de la gente, no hay democracia”, enfatizó el monje tibetano en una exposición en la Universidad de El Salvador (USAL) en la capital argentina. También usó algunas parábolas del budismo, que acaso podrían aplicarse a la geopolítica mundial. “Contamos con un Buda enojado, enjuto, a veces con los que se portan mal hay que enojarse. Enojarse, no con el corazón, con el gesto y la acción, para que el que procede mal se asuste un poco y mejore”, deslizó en lo que pareció un reclamo de sanciones contra Pekín.
Pero ante una consulta de ANSA, lo aclaró. “Ahora China es poderoso, su poder es real. El mundo lo ve así, pero no va a mantenerse. En cinco, en diez años, serán los propios chinos, que ya sienten malestar, los que apurarán el cambio. Ellos empiezan a estar disconformes, no han elegido a su gobierno, es el Partido Comunista el que lo ha hecho. Hoy Donald Trump, Angela Merkel y otros líderes le tienden la mano a Pekín, y ellos no van a cambiar a China. El Tíbet tampoco va a cambiar a China, los propios chinos lo harán”, auguró.
Sin embargo, en todo momento insistió con “mantener los equilibrios”, no instalarse en el rencor y desterrar el odio.
“Mantener los reclamos de Tíbet, sí. Hacerlos cada vez más visibles, también. Pero nunca con violencia, siempre por la vía pacífica y nunca con las armas”, enfatizó y desplegó la bandera de esa región, la más alta en la geografía del planeta, legendariamente bajo hostigamiento chino, que hoy domina y controla con excesos.
“Pekín capta niños del Tíbet, se los lleva, los educa haciéndoles perder el idioma tibetano, educándolos al modo chino, y luego los regresa, en un proceso que busca desintegrar y acabar con las raíces culturales. También envía espías, que se disfrazan de monjes budistas e interfieren en los monasterios.
Tenemos constancias de todo eso”, dijo a ANSA Wangchen, que remarcó que en su tierra viven hoy seis millones de tibetanos, pero que los chinos afincados allí suman ocho millones.
También se refirió a los monjes que se inmolan “a lo bonzo” en Tíbet para atraer la atención mundial y mostrar al mundo los padecimientos de esa nación por el dominio de China.
“Pekín acusa al Dalai Lama de incitar a esas acciones. Y no es así, predicamos la vida, insistimos con denunciar, con reclamar, siempre de modo pacífico. De ningún modo nuestra religión propone la muerte; la inmolación se contrapone con nuestros postulados, pero hay gente desesperada por las acciones chinas”, explicó en su conferencia en la USAL.
En 1959, el monje, a los cinco años de edad, se vio forzado a abandonar su país con su padre y dos hermanos mayores debido a la invasión del Tíbet por parte de China y tuvo que sobrevivir mendigando en las calles de Katmandú, Nepal.
Hoy vive en Barcelona, donde, por indicación del Dalai Lama -máximo dirigente y líder espiritual del budismo tibetano-, creó la Casa del Tíbet, que dirige.
Wangchen resaltó que el budismo tiene cada vez más seguidores en Sudamérica, pero lamentó que la causa de Tíbet “pareciera estar perdiendo adeptos” en Europa.
“En los 90 había manifestaciones en Bélgica, Italia, Francia, España con 10 mil, 20 mil, hasta 40 mil personas. Hoy son cada vez menos”, lamentó el monje, un defensor incansable de los derechos humanos, que estuvo presente en la prensa internacional por la querella llevada a la Audiencia Nacional española contra ex dirigentes chinos acusados de genocidio, entre ellos, Jiang Zemin, quien fuera Presidente de China entre 1993 y 2003 y Li Peng, Primer Ministro entre 1988 y 1998.
“Nuestra arma es la verdad, decimos no a la violencia”, insistió.