Joao Gilberto, la voz delicada de la ‘Garota de Ipanema’

Su voz delicada cantando Garota de Ipanema cautiva al mundo casi 60 años después de su grabación, pero Joao Gilberto, el padre más perfeccionista de la bossa nova, agoniza lejos de la placidez de su música.

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Arruinado, enfermo y solo en una casa prestada en Rio de Janeiro, la tristeza que envuelve a este artista de 86 años parece no tener fin. Desde hace años, Gilberto está en el centro de una truculenta pelea que enfrenta a sus hijos mayores, los músicos Joao Marcelo y Bebel Gilberto, con su última ex esposa Claudia Faissol, una periodista cuarenta años más joven que él y madre de su hija adolescente.

Bebel y Joao Marcelo acusan a Faissol de haberse aprovechado del legendario músico bahiano, pero la trama no solo es sobre el dinero. “En su obsesión por el control, Joao Gilberto tenía la ambición de parar el mundo para ejercer su arte. Delante del micrófono, lo consiguió. Fuera del escenario, fue lo contrario: nunca tuvo control sobre su vida.

Se acostumbró a delegarla en otros (…) pero la vida escribe sus propios versos y, a veces, desafina”, escribió Ruy Castro, autor del libro sobre la bossa nova Chega de Saudade, en el diario Folha de S. Paulo.

Un genio excéntrico

Pese -o por- su genialidad, Joao Gilberto nunca fue una persona fácil. Su perfeccionismo obsesivo y sus excentricidades -como su reclusión en pijama en casa o su fobia social (apenas entreabría la puerta para recibir diariamente comida de un restaurante)- lo hicieron tan famoso como sus preciosas interpretaciones de DesafinadoCorcovado o Chega de Saudade, a menudo en dúo con su primera esposa Astrud Gilberto.

“La importancia de Joao Gilberto para la música es incalculable. Fue la principal voz del movimiento brasileño más conocido en el mundo y fue revolucionario casi de forma involuntaria. Fue el primer cantante, al menos en Brasil, que demostró que no se necesitaba un vozarrón, que cantaba bajito, como un susurro, acompañado por su virtuosidad y armonía con la guitarra”, dijo Bernardo Araujo, crítico musical del diario O Globo.

Pero al mismo tiempo… “Gilberto es como Michael Jackson o Prince, un artista genial y raro, aunque su rareza se fue agudizando hasta llegar a esta situación terrible de hoy en día”, estima Araujo.

Desde finales del 2017, el hombre que internacionalizó la música brasileña junto al compositor Tom Jobim y al poeta Vinicius de Moraes está inhabilitado judicialmente a petición de su hija Bebel, que asegura que su padre no tiene condiciones de cuidar de su salud ni de sus finanzas por su fragilidad física y mental. Bebel -hija del segundo matrimonio del artista con la hermana de Chico Buarque, la cantante Miúcha- llegó a avalar un allanamiento del apartamento de alquiler que Gilberto llevaba meses sin pagar en el rico barrio de Leblon.

“Quería que mi padre tuviera un final de vida feliz y tranquilo”, dijo Joao Marcelo, el primogénito de Astrud Gilberto, a la revista Veja. Finalmente, Gilberto fue obligado a salir del inmueble y desde finales de abril vive en un apartamento en Gávea, prestado según se dice por Paula Lavigne, la mujer de Caetano Veloso.

La caída

Si pudiera ponerse fecha al inicio del declive de Gilberto, sería el 2011. Ese año Claudia Faissol le convenció de hacer una gira de conciertos para celebrar sus 80 años, pero Gilberto la acabó cancelando alegando problemas de salud. El cantante ya había recibido un millón de reales (unos $600,000 por ese entonces) como adelanto y fue obligado a devolverlos.

En medio de un prolongado pleito con su primera discográfica, sin CD desde 1989 y sin presentarse públicamente desde el 2008, acabó vendiendo en el 2013 el 60 por ciento de los derechos sobre sus cuatro primeros discos al banco Opportunity.

Acusada de hacerle firmar contratos sin su pleno conocimiento, a mediados del año pasado Faissol llamó a los bomberos para que entraran en el apartamento de Gilberto.

Según sus hijos, su ex esposa quería llevarlo a la fuerza a la entrega de un premio en Estados Unidos. “Brasil le debe mucho a Joao Gilberto y necesita encontrar formas para apoyarlo en este momento en que el tiempo y su eco están siendo implacables con él”, afirmó el empresario Nizan Guanaes.

Guanaes está movilizando a artistas para ayudar al cantante, pese a que hace casi 20 años éste le arruinó la inauguración de una sala de conciertos en Sao Paulo, increpando y sacando la lengua al público enfurecido por el mal sonido del recinto.

Una de las últimas veces que los brasileños lo vieron fue en el 2015, cuando el cantante, muy flaco, fue grabado en un video casero con su pijama y su guitarra tocando Garota de Ipanema con su hija pequeña. “La tristeza no tiene fin” dice cuando interpreta una de sus canciones más celebradas. Caetano Veloso preferiría su verso: “Mejor que el silencio, sólo Joao”.