elargentinosf@gmail.com | 20-Sep-2017 02:26:52 pm

La Gala de reapertura del Colón

Para la gala de apertura del lunes 24 no se ha pensado en nada demasiado espectacular sino en un programa en que estén reflejados todos los cuerpos artísticos del Teatro y algunos de los títulos más venerados del repertorio: La bohème de Puccini, cuyo segundo acto (el único colorido de esta ópera de buhardilla) será representado con un distinguido reparto encabezado por la soprano argentina Virginia Tola en el papel de Mimí y completado por la soprano estadounidense Nicole Cabell como Musetta, el tenor rumano Marius Manea como Rodolfo, el barítono italiano Marco Caria como Marcello y el barítono ruso Denis Sedov como Colline.



El ballet estará representado por un clásico de Chaikovski: una selección del tercer acto de El lago de los cisnes en coreografía de Marius Petipá, con la orquesta dirigida por Javier Logioia Oerbe y el Ballet Estable dirigido por Lidia Segni.



En 1908 el Colón se inauguraba con otra ópera italiana, pero de ambientación más fastuosa que la ópera bohemia de Puccini: Aída, la ópera que Verdi había escrito para la apertura del Canal de Suez y que estrenó en el Colón la Compañía Lírica Italiana dirigida por Luigi Mancinelli, con Lucia Crestani y Amadeo Bassi en los roles principales, detalla el diario Clarín.



Entre los otros quince títulos que incluyó aquella primera temporada, hubo también lugar para un estreno patrio, Aurora de Panizza, ópera criolla aunque cantada en italiano, como lo siguieron siendo por muchos años las óperas argentinas.



La gala del lunes 24 será un anticipo de la temporada de ópera. La bohème subirá completa el miércoles 26, con un total de seis funciones. El segundo título será Don Giovanni de Mozart, con dirección del brasileño John Neschling y escena de Michael Hampe; Virginia Tola volverá a estar en el reparto, junto con Norah Amsellem, John Tessier y otros.



Manon de Massenet subirá en agosto, con dirección de Philippe Auguin, régie de Renaud Doucet y los cantantes Anne Sophie Duprels y Víctor Torres. En septiembre Katia Kabanova de Janacek volverá al escenario del Colón tras 40 años, con dirección de György Rath y régie y escenografía de Pedro Pablo García Caffi.



El programa de octubre será de doble estreno: Una tragedia florentina, de Zemlinsky, compartirá el escenario con Violanta, de Korngold, ambas con dirección de Stefan Lano y régie de Hans Hollmann. La temporada de ópera cerrará en noviembre con Falstaff de Verdi, con dirección de Marco Guidarini, régie de Oswald y los locales Paula Almerares, Graciela Alperyn y Darío Schmunck.




Secretos de una restauración histórica:



Trabajaron 1.500 personas sobre 60.000 m2. Hubo refuerzos con fibra de avión, rasparon con bisturí para recuperar la pintura y reconstruyeron luminarias. Tras tres años cerrado, reabre en una semana.



Fue una obra monumental. A lo largo de siete años, 1.500 personas trabajaron para recuperar los 60.000 m2 del teatro Colón, dotando a un edificio centenario con tecnología del siglo XXI. El Gobierno porteño invirtió $ 340 millones en las obras. El gran desafío fue preservar la acústica de un teatro considerado como la mejor sala de ópera del mundo. El resultado se pudo apreciar en una función privada, el jueves 6, y será presentado al público en una semana, en la reapertura del teatro, explica Nora Sánchez en Clarín.



El siglo XXI empezó mal para el Colón. "Sus instalaciones tenían un avanzado grado de obsolescencia y un altísimo riesgo de incendio, sobre todo por el estado de las conexiones eléctricas y la acumulación de basura y materiales que son carga de fuego. A fines de los 80 le habían sacado las instalaciones contra incendio al escenario y no las habían repuesto", recuerda Sonia Terreno, la arquitecta que coordinó el Master Plan que, en 2003, comenzó a implementarse para poner en valor el teatro bajo el ala de la Secretaría de Cultura.



La obra se hizo de afuera hacia adentro y de arriba hacia abajo. Empezó con la recuperación de parte de los vitrales y los techos de zinc. El 1° de noviembre de 2006, después de un concierto de Mercedes Sosa, el teatro cerró para que los trabajos siguieran en las áreas más sensibles. Y su sala fue invadida por un silencio "escalofriante", como lo define Terreno.



A medida que avanzaban los trabajos, aparecieron las sorpresas. Como cuando elevaron el piso de la platea, el 23 de mayo de 2007. Los trabajadores pudieron acceder a un espacio que había estado oculto durante 70 años. Había una capa de diez centímetros de pelusa, polvo, cables abandonados y objetos perdidos, como viejas monedas y programas de mano.



Entre fines de 2007 y septiembre de 2008, cambio de gestión mediante, los trabajos se desaceleraron. Hasta que, finalmente, pasaron a la órbita del Ministerio de Desarrollo Urbano de la Ciudad. En ese momento, el Ejecutivo contrató a la empresa SYASA para gerenciar la obra. Su presidente, Rodolfo Seminario, confiesa: "El gran problema fue coordinar los diferentes contratos. El mes pasado había más de 1.300 personas trabajando al mismo tiempo en albañilería e instalaciones".



Una de las tareas fundamentales fue reforzar la estructura del edificio, debilitada por la humedad. "En algunos lugares, como en la planta baja que da hacia la calle Tucumán, rehicimos la losa. En otros sectores, la reforzamos con fibra de carbono, que es un material que se usa para fabricar aviones y que es mucho más resistente que el acero", cuenta Seminario.



Gran parte del trabajo, fue artesanal. Para recuperar el color original de la sala y sus ornamentos, hubo que quitar con bisturí las distintas capas de pintura agregadas a lo largo de un siglo. Y el orfebre Juan Carlos Pallarols restauró 200 artefactos de iluminación, incluyendo la araña de 1.500 kilos y 753 lámparas. Rehizo su sistema de descenso y reconstruyó las tulipas y partes de bronce faltantes, sometiéndolas a un proceso de oxidación con fuego para que se parecieran a las antiguas.



La empresa de mobiliario Fontenla recuperó 2.582 piezas, entre sillas de palco y butacas. Para no afectar la acústica, volvieron a rellenar los asientos con el crin animal y algodón que tenían. Los tapizados se reemplazaron por terciopelo de lana ignífugo.



"El Colón es un ícono cultural de todo el país -observa el jefe de Gabinete porteño, Horacio Rodríguez Larreta-. Y esta es la obra de restauración más importante que se haya realizado en la Argentina".



El símbolo del teatro es su telón. En octubre estará listo el nuevo, hecho con terciopelo ignífugo siguiendo el diseño de los artistas Guillermo Kuitca y Julieta Ascar, que superpone una lira con la forma de la planta del teatro. También se restauró el telón de 1936, formado por dos hojas de terciopelo de más de 700 kilos cada una. Sólo se usará en ocasiones especiales. Como la del lunes 24, cuando se volverá a abrir para mostrarle al mundo que el Colón sigue siendo el teatro perfecto para la ópera.

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